Sábado, 20 de agosto de 2005
Como habitante del mundo que me rodea, estoy ya habituado, si al menos no completamente, si de forma parcial, con las normas que desarrolla la sociedad actual. Nunca me han parecido esencialmente buenas, ni ejemplos que debiera seguir al pie de la letra, pero al menos conozco las normas y como deben ser usadas, por lo que tengo la seguridad de que el ser un inadaptado social es un problema mío, de mi forma de actuar y comportarme, tanto por mi parte voluntaria como por la involuntaria. El problema se reduce a un simple conjunto de normas morales que tuve a bien adoptar hace un par de años, en las que baso mi comportamiento y que me niego a abandonar, por un motivo claro: Considero que el seguir esos principios y comportarme en cada momento de acuerdo a ellos es la forma más correcta de actuar, la forma en la que considero que tomo las mejores decisiones, y no siempre en mi propio beneficio, aunque según filósofos como Hobbes, siempre actuemos por un fin egoísta e intentemos obtener un provecho para nosotros. Sin embargo, el resto de la sociedad no opina de igual forma.
Mis principios morales no están construidos a partir de lo que considero bueno, como cabría pensar en un principio, sino a partir del planteamiento opuesto, de lo que considero malo. Para establecerlos me he fijado en ciertos aspectos de dos personas cercanas a mí, a las que he estado observando con frecuencia, y me he dedicado a obtener de sus comportamientos todas esas cosas que considero que no están bien, que no creo que sean buenas, que considero injustas y que buscan el beneficio propio a través de medios poco éticos. De esta forma he concluido que la mejor forma de comportamiento es basando mis principios morales en evitar este tipo de comportamiento. ¿He hecho mal? Yo creo que, pese a lo bonito que parece, sí he hecho mal.
Todo el mundo, sin excepción alguna, se considera una buena persona (de hecho hace un año y medio hice una encuesta, y todo el mundo contestó afirmativamente a esa pregunta, y no me rodeo precisamente de santos, aunque yo tampoco lo soy). Yo me considero una buena persona. Mis dos ejemplos a no seguir se consideran buenas personas. Cualquier individuo al que preguntes por la calle se considerará buena persona. Si todo el mundo es tan buena persona... ¿Por qué funciona todo tan mal? Quizá por la gente como yo, que nos consideramos buenas personas cuando en realidad no somos más que un estigma de la sociedad. De mis ejemplos he sacado el comportamiento egoísta, fanático, destructor, egocéntrico, falso, hipócrita, cara dura y ambicioso, y los he sustituido por una forma de pensar más acorde con mi ideología: Intentar ayudar de la forma que sea a quien lo necesite, mirar por los demás antes que por uno mismo, etc. De hecho, cuando una vez me crucé el “bushido” por internet, me emocionó cierta frase que he procurado llevar siempre a cabo (pese a que en ocasiones no es nada facil y no he podido): “Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.” El resultado es claro: No estoy preparado para vivir en este mundo, en esta época, en esta sociedad, basada en el egocentrismo totalitario.
Es horrible ver como todo lo que haces por los demás, cada acción que tomas, cae en un pozo vacío, del que nadie quiere que salga nada. Si miras por los demás, si les intentas ayudar y hacer felices, felicidades, ellos también están mirando por si mismos, pero únicamente por ellos mismos, por lo que al final el solitario eres tú. Busca a tu amigo, y ponle delante aquello que busca, lo que le hace ambicioso, ya sea dinero o amor, y yo no dudaré en decirte el tiempo que tardará en decidir que tu amistad es algo secundario. Vivimos en un mundo de apariencias, en el que no importa lo que eres, sino lo que pareces ser. Que seas la mejor y más inteligente persona del mundo no sirve apenas para nada, pero que tu peinado esté a la moda, que bailes al ritmo de la canción del verano, o simplemente que le rías las gracias a quien te interesa simplemente para conseguir lo que ansias, eso sí que es importante. En eso se basa todo. Facil.
Si resultas útil a una persona para conseguir lo que busca, no dudará en arrimarse a ti y a complacerte con todo tipo de halagos. En el momento en el que dejas de ser útil, estás condenado al olvido, a la soledad. Da igual lo que hagas, la amistad que pareciera haber, simplemente ya no mereces su atención. Búscate a otra persona a la que puedas servir, halágala con palabras bonitas que no hace falta que sean ciertas. O bien arrodíllate y suplica que te hagan un poco de caso, que la pena siempre hace palpitar ese trozo de músculo que algunos tienen por corazón. Al fin y al cabo, nuestra sociedad, por mucho que nos neguemos a aceptarlo, funciona así.
La moral decae cada día más, y conceptos como la palabra y el honor han dejado de existir. El decir que tu “nunca harías algo” ahora viene a significar que “en esos momentos no lo harías, pero que en cuanto te resulte mínimamente rentable, harás eso y más por conseguir lo que se te ponga por delante, independientemente de que por el camino caigas tú o gente como tú”. Y la palabra... Las promesas al parecer están hechas hoy en día para romperlas, para saltárselas, para disimular ante ellas como si nunca hubieran existido, como si algo que se dijo muriera al momento en que expira el sonido de la última sílaba. La gente busca comodidad, y una promesa es algo realmente incómodo. El prometer hacer o no hacer algo representa cansarse, tener la fuerza de voluntad suficiente como para cumplirlo, estar dispuesto a sacrificarse por algo que en su día dijimos. Y la gente, muy cómoda en esta burbuja de felicidad etérea, promete al mismo ritmo que ve la televisión, y cumple, cuando cumple, sólo si le resulta fácil o conveniente a ellos, en lugar de atenerse al pacto realizado.
Hoy en día el hecho de tener principios es algo que no está de moda. Lo que realmente se busca y pretende es disfrutar, la búsqueda de nuestra felicidad, aunque sea a costa del sufrimiento y el dolor de otros. Si no te atienes a las normas de la gente, murmuran, comentan y te marginan. El no querer salir un sábado, el ir solo al cine, o el conversar de temas que tengan cierto contenido, en lugar de hablar de los cotilleos de la televisión, te degrada hasta un punto que te excluye de la sociedad. La gente evita hablar contigo, se ríen de ti y simplemente caes en el olvido, en la soledad más absoluta. Te ves rodeado de personas, que aparentan ser felices en su eterna mascarada, y te das cuenta de que no tienes a nadie, que nadie te comprende, que simplemente tu no deberías existir. Pero ahí estás, inmortal sin haberlo deseado. Te dan puñaladas a lo largo del día, te traicionan con la normalidad de quien va a comprar el pan, te destrozan el alma a cada instante, pero sigues vivo pese a querer que tu alma muera, a perder la conciencia y convertirte en un descerebrado como los demás, para evitar el dolor. Pero continuas vivo.
Tengo que reconocerlo, de siempre he sido crédulo e iluso, siempre he pensado en la existencia de la amistad, del amor, de algo más importante que la superficie de las cosas. Ya cada vez creo menos en ello. El ver como gente a la que consideras tus amigos te olvidan simplemente porque han encontrado a alguien mejor, el ver como te desvives por ayudar a quien lo pasa mal y sufre para que cuando tu estás mal te lo reprochen y te lo echen en cara, el desvivirse por personas y darles todo lo que puedes darles para que quieran más a gente a la que acaban de conocer, a gente que no daría nada por ellos cuando tu lo entregarías todo.
“La gente te trata y te quiere más cuanto peor te portas con ellos”. Es una frase odiosa, que durante mucho tiempo me negué a admitir, pero que cada vez me veo más obligado a ver su certeza, en todos los sentidos. Ya el respeto no se gana con generosidad y amabilidad. La bondad “no está de moda”. Ahora te respetarán si eres fuerte, si tienes dinero, si eres guapo... o las tres cosas a la vez. Cuando se necesita ayuda que las personas vacías no pueden facilitar, entonces se acude a nosotros, las pobres almas erráticas que no tenemos nada mejor con lo que contentarnos. Se ve que para ayudar no somos tan aburridos, pero para el resto de las situaciones si debemos de serlo. Trata a una mujer con la mayor amabilidad que puedas, cuídala y quiérela, y verás como se cansa de ti y te deja de lado, ignorándote sin que le preocupe lo más mínimo. Y por quien te abandona? Pues sí, por el típico niño malote, con pelo de punta y cigarrillo en mano con postura de hombre duro, que no la quiere ni la querrá jamás, que la abandonará por otra a la mínima oportunidad, que es un falso, un hipócrita, un egoísta y un egocéntrico, que la trata como a alguien inferior... Cuando la deje por otra, correrá a ti para que la consueles, pero hará lo imposible para volver con ese niño malote que tanto daño le ha hecho, porque tiene ese algo especial que los demás no tienen... ¿Maldad? Puede, porque lo bueno se lo has dado tu... ¿O quizá no eras lo suficientemente guapo? ¿O será el pelo...? Va a ser el pelo, porque es un rasgo muy importante en la personalidad de cada uno, al menos es lo único que tiene en la cabeza muchos de los que me rodean. He oído hablar recientemente de la teoría de la escalera. Es un tema apasionante que comentaré más adelante. La verdad es que sobre ese tema me ha aclarado muchas cosas, y creo que es una de esas teorías que, pese a que se pueden tomar demasiado en broma, muestran la realidad desde un punto innegable. Simplemente tiene razón en sus aspectos, y es una de esas teorías en que se apoya inconscientemente parte de las relaciones sociales actuales.
Por eso estoy ya harto de la sociedad, de todos esos juegos de falsedad que se usan tanto. Estoy harto de mi vida, y de cómo sólo se me quiere cuando resulto útil. Estoy harto de la gente en general, y de algunas personas en particular, hipócritas que me dan esperanzas de algo que merece la pena, y resultan ser iguales que los demás. Estoy harto de cada persona que mira sólo por si misma, pero que luego se enfadan cuando no miro por ellos. Estoy harto del egocentrismo descarado de muchos de los que me rodean. Estoy harto de aquellos que venden a su madre por conseguir lo que desean, que piensan que el fin justifica los medios, y que se puede pagar cualquier precio por aquello que quieren en cada momento. Estoy harto de esa gente que no sabe admitir un no por respuesta, que siempre han de salirse con la suya. Estoy harto de muchas cosas, y no sé cuanto tiempo más podré aguantar toda esta fantochada que cada día se despliega ante mis ojos en una gran variedad de formas y colores. Siempre había pensado que esa gente que se va a vivir a la montaña, alejada de la sociedad y del mundo, tenían que ser personas excepcionales, porque yo no sería capaz de vivir de esa forma austera, pero es ahora cuando me doy cuenta de que simplemente son personas que se cansan de la falsedad del mundo, del egoísmo que reina, de la oscuridad abrumadora que existe en el corazón de cada persona (en los que aun quede corazón, y no un vil vestigio que de nada sirva).
Por eso cuando un sábado no quiero salir, es simplemente porque no tengo ganas, porque no quiero salir a estar con gente a la que no le importo, para emborracharme simplemente porque hay que hacerlo, para aguantar las falsedades y puñaladas de los que te rodean y para sufrir en silencio sin que nadie se preocupe jamás por ti. Prefiero quedarme en mi casa solo, en silencio y en la oscuridad, pensando que al menos ahí nadie me hará daño, nadie me dará falsas esperanzas de felicidad, nadie podrá arrancarme el corazón, ni una lágrima. Simplemente sufriré por la soledad, pero a la larga será un dolor más sano y puro que no el que provocan todas esas puñaladas envenenadas que me asestan por la espalda a cada instante los demás. Estoy harto del mundo, de todo, y quiero desaparecer, pero no puedo.
Sin embargo, pretendo que esto sea justo, y por ello tengo que reconocer que todavía quedan personas en el mundo justas, con honor y con algo más que pelo en la cabeza. Gente que se preocupa desinteresadamente por los demás, que se desviven a cada instante por lograr la felicidad de las personas a las que aprecian. Y les veo solos, al igual que yo lo estoy. Lo llevan mejor que yo, pero están solos. Y yo estoy solo. Y la gente que conozco son personas lejanas, a las que no he visto ni probablemente vea nunca, gente que nunca estará a mi lado para ayudarme, y mucho menos quererme. Gente, quizá, tan falsa como los que me rodean, pero quizá tan buena como estas pequeñas perlas que brillan en la oscuridad. Almas virtuales, que realmente no me conocen, ni conozco, y que permanecen en mi mente como fantasmas.
Por eso me hallo sumido en las profundidades de la oscuridad, rodeado de sombras que me ahogan simplemente por no ser apto para la luz. Atrapado por unos grilletes que me impiden salir, y unas cadenas ardientes que queman y perforan el alma destruyendo todo lo que un día fui. He muerto. No físicamente, pero sí de forma espiritual. No volveré a ser el que era, porque serlo significa sufrir por algo que considero que ya no merece la pena. Pero tampoco abandonaré mis principios, porque en estos momentos es lo único que tengo, mi palabra, mi orgullo, mi honor. Viviré llorando lágrimas invisibles mientras la gente se mueve a mí alrededor, y yo, hundido en la fría noche, quemado por mil lenguas de dolor y sufrimiento, moriré lentamente, de forma eterna. ¿Qué puedo hacer aparte de susurrar desde las sombras? ¿Qué puedo hacer salvo pedir ayuda cada día con el único grito ahogado que me permiten mis débiles y moribundos pulmones?¿Qué puedo hacer salvo resignarme a que alguien me encuentre por casualidad, se apiade de mí, y me ayude a levantarme, a luchar, a volver a vivir? Dicen que la esperanza es lo ultimo que se pierde, y a mí me queda demasiado poco tiempo para haberla perdido. Luego... el tiempo sabrá. Por eso sigo desde la oscuridad lanzando palabras al viento vacío.
Por: ShadowStalker | Divagaciones humanas | Comentarios (0) | Referencias (1)
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Googleando I | 2006-01-29 12:30:00
[...] susurros desde las sombras”, creo que por una vez alguien ha caído donde debía...
Como reconocer a una persona que inhale droga: Esta es la mejor, con diferencia. Una perla entre las perlas. Oro en paño. Una verdad como un templo. No sé [...]

Nombre: Javier Torres
Nick: ShadowStalker
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Descripción: Digamos que soy alguien tan normal que mi normalidad no resulta normal. ¿Entiendes? ¿No? Yo tampoco, pero es lo que hay. Una vida aburrida para una persona aburrida...Ya tocaba, con tanto salva-universos por ahi suelto.
Life in grid Ichiñas Every pollo al limón has a story... Susurros a la luna llena Melodías para sordos Ena oniro bla osporike mas soni The project freak Hello Cthulhu
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