Jueves, 01 de septiembre de 2005
Navegando por la blogosfera me encontré, no hace mucho, con un interesante artículo en el que se hablaba de las relaciones entre hombres y mujeres y, entre los muchos comentarios existentes, se repetía constantemente la llamada “Teoría de la escalera”. Francamente, como el tema me interesaba bastante, decidí buscar información sobre la susodicha teoría y, rápidamente, llegué a buen puerto, encontrando una página que me explicaba, de forma clara y concisa (en el lenguaje de Shakespeare)(1), la que hasta ahora ha sido la teoría más reveladora y brillante que me he cruzado jamás, en lo que a relaciones sociales se refiere. Nunca ninguna explicación me había llegado a mostrar tan claramente como funciona el mundo hoy en día y cómo una argumentación tan sencilla y fantasiosa podía explicar todas mis dudas y problemas relacionados con las mujeres. La susodicha teoría, originariamente, se refería a mantener relaciones sexuales pero, con extrema facilidad, puede ser adaptada según se va leyendo, para aplicarla al amor y los sentimientos.
La ”Teoría de la escalera” surgió hacia 1994 como consecuencia de un largo estudio sociológico en el que se pretendían analizar de forma objetiva el comportamiento y las relaciones entre hombres y mujeres. Pese a que muchos opinan que la ciencia no dispone de mecanismos suficientes para explicar el comportamiento humano, yo considero que en esta teoría la unión es perfecta y, sin contradicción aparente, muestra y permite predecir lo que sucederá en determinados casos, así como explicar muchas de las situaciones cotidianas que surgen en las relaciones entre dos personas de distinto sexo. Por supuesto, cada persona es un mundo, y habrá personas para las que la teoría no se aplique, pero lo que sí es verdad es que para la mayoría de la población si se cumple y, conociéndola, tenemos una enorme probabilidad de aplicarla con éxito a los casos existentes en nuestra vida diaria.
El núcleo de la teoría se basa en la premisa de que, cuando conocemos a una persona, realizamos un juicio sobre ella con el fin de catalogarla y jerarquizarla en nuestra mente. De esta forma, y muchas veces inconscientemente, asignamos a esa persona un lugar en nuestra mente, de forma que perfectamente somos capaces de discernir si esa persona es más interesante que otra que conozcamos. De esta forma, al conocer a la nueva persona, la asignamos en un orden que servirá para determinar nuestra futura relación con esa persona, así como el interés que mostraremos y la atención que le prestaremos a partir de ese instante. Ese orden lo podemos asemejar a una escalera mental, en la cual vamos ordenando a las personas en diversos escalones, según nuestro interés, y que determinan si cierta persona es superior a otra, o por el contrario es inferior. Por supuesto, pueden existir varias personas en un mismo escalón, pues a la teoría no le afectan ni la cantidad de personas existentes en las escaleras, ni las relaciones entre los individuos.
A partir de ahí es sencillo: Cuando un hombre conoce a una mujer, la sitúa en una posición de su escalera, y luego, según se vayan conociendo mejor, la mujer irá ascendiendo o descendiendo posiciones según como transcurran las situaciones. Si la mujer es guapa, inteligente o atrae al hombre de algún modo, esta rápidamente ascenderá, mientras que si existe alguna pelea o algún suceso desagradable, descenderá posiciones rápidamente. Sin embargo, en el caso de la mujer la cuestión es ligeramente diferente. Nada más conocer a un hombre, y tras un poco de conversación en el que obtendrán más información sobre él, lo situaran en la escalera. Sin embargo, la diferencia con los hombres radica en que las mujeres no poseen una única escalera, sino por el contrario, dos posibles escaleras: la de amistad y la de amor. Por eso el hombre, tras esa primera conversación, es catalogado en una de las dos escaleras, y desde ese momento, podrá moverse verticalmente, pero nunca horizontalmente.
Esto quiere decir que, si en el primer encuentro, la mujer decide catalogar al hombre en la escalera de amor, poco a poco podrá ir subiendo escalones hasta conseguir mantener una romántica (o bien sexual) relación con ella. Si por el contrario el hombre ha sido catalogado en la escalera de amigo, podrá llegar a ser el mejor amigo de esa mujer, e incluso que le catalogue como a alguien “muy especial”, pero jamás llegará a tener una relación sentimental con ella. El hombre catalogado bajo esta categoría, a los ojos de la mujer, será como cualquiera de sus amigas, y por mucho que haga, su movimiento no pasará de ser vertical en la escalera, atrapado en ella mientras dure su amistad, ya que podrá ascender hasta lo mas alto de la escalera, pero únicamente de su escalera.
¿Y cuál es la escalera buena, la que debemos elegir? Eso depende de tus intenciones respecto a la mujer en cuestión. Si llegas a sentir realmente algo profundo por esa persona, obviamente tu escalera es la del amor, y la de la amistad será una de las peores torturas que te podrán suceder en vida, ya que puedes estar seguro que por mucho que hagas por ella, jamás conseguirás que te quiera de la forma que a ti te gustaría. Si por el contrario esa mujer no te atrae especialmente, la escalera de la amistad puede ser una gran opción, ya que siempre sabrás que esa mujer te quiere por como eres con ella, y que depositará en ti toda su confianza, porque sabe que eres un gran amigo, y que siempre mirarás por su bien, sin fijarte en su físico, sino en su forma de ser.
Sin embargo, aun existe una pequeña posibilidad para ese hombre enamorado que ha sido catalogado por los siglos en la escalera de la amistad. El procedimiento, muy arriesgado, consiste en ascender hasta la cima de la escalera de la amistad, con un largo y duro trabajo por delante, y sabiendo que todo el esfuerzo puede ser en vano, y que quizá pierdas más de lo que ganes. Una vez arriba, salta a la escalera del amor, declarándote y abriéndole tus sentimientos. El salto es muy arriesgado, y si sale bien, acabarás en su escalera del amor, habiendo abandonado (eso sí, para siempre), la escalera de la amistad. El problema se presenta en que al realizar el “salto”, suelen perderse posiciones y, pese a ser su mejor amigo, acabes siendo uno de esos hombres con los que sólo se querría acostar en caso de necesidad extrema. Pero ya estás en la escalera buena, y ahora sólo es cuestión de ascender hasta arriba de nuevo, un trabajo largo y fatigoso. Sin embargo, también existe la probabilidad (y superior a lo que se espera), de que al saltar al vacío, no podamos aferrarnos a la otra escalera, de forma que no sólo habremos perdido la posibilidad de tener su amor, sino también su amistad, si no para siempre, sí durante mucho tiempo.
Realmente la teoría es mucho más compleja, pero a modo de resumen basta con lo expuesto hasta aquí. Sin embargo, invito a todos los visitantes curiosos que se hayan quedado con ganas de más, a que busquen en internet y se informen sobre esta teoría que, pese a lo fantasiosa que pueda parecer, a mí me ha servido para dar explicación a prácticamente todas las situaciones que me han sucedido con el sexo opuesto.
(1): La teoría de la escalera (En inglés)
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Nombre: Javier Torres
Nick: ShadowStalker
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Descripción: Digamos que soy alguien tan normal que mi normalidad no resulta normal. ¿Entiendes? ¿No? Yo tampoco, pero es lo que hay. Una vida aburrida para una persona aburrida...Ya tocaba, con tanto salva-universos por ahi suelto.
Life in grid Ichiñas Every pollo al limón has a story... Susurros a la luna llena Melodías para sordos Ena oniro bla osporike mas soni The project freak Hello Cthulhu
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