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Susurros desde las sombras

De como las sombras dominan el mundo... o las dominan a ellas

Lunes, 26 de septiembre de 2005

Esa sensación

Puede que haya sido hoy el último día que he sentido esa sensación que me ha acompañado a lo largo de mi vida desde que tengo uso de razón. Esa sensación que, cada cierto tiempo, me embargaba, y durante unas horas me hacia sentir extraño. Una sensación mezcla de miedo, incertidumbre, emoción y felicidad. Esa sensación se perderá, desde el día de hoy en adelante, para ser sustituida por otra, quizá de miedo, quizá de fracaso o decepción, o quizá todo junto. Esa sensación a la que me refiero es, ni más ni menos, a la que se siente cuando te presentas a un examen, sin haber estudiado, siendo consciente de que no sabes nada, y al acabar del examen sales pensando lo bien que ha ido.

A lo largo de mi vida me ha sonado la flauta muchas veces. Aun recuerdo exámenes de matarme a estudiar para sacar un 6, el mítico suspenso general en literatura de Manolo en el que saque la nota más alta con un 4, teniendo en cuenta que lo completé con lo que sabía de años anteriores y los conocimientos de historia del compañero de detrás. Y por último, aquel examen de filosofía, en el cual no entendía ni lo que me preguntaban, puse el bolígrafo a escribir lo que se me pasaba por la cabeza y acabé con un 10. Todo eso se ha perdido para siempre. A partir de hoy toca una nueva generación de exámenes con el señor “Física 10%”, en los cuales llegaré con la sensación de saber poco y acabaré con la sensación de que no sabía nada. Pero a lo mejor le caigo en gracia y me aprueba, por tener una letra bonita (aunque más bien es de médico). En definitiva, lo de llegar a un examen sin haber estudiado y sacar una notaza se ha acabado para siempre.

Pero al menos la despedida ha sido a lo grande. Hoy he tenido el examen de los premios extraordinarios de bachillerato. Lo de quedar entre los 4 primeros de mi provincia para ganar el premio, como que queda descartado, ya que tras un verano sin haber tocado absolutamente nada, lo de sacar una nota que supere al resto de los aspirantes es muy difícil. Y, sin embargo, tengo esa sensación de que todo ha salido perfectamente y que me va a ir muy bien. Total, una redacción donde se mezcla el romanticismo y el realismo, por 4 puntos, tampoco es algo difícil. Y si lo demás es un comentario de texto, tampoco es que haga falta estudiar mucho. Y en cuanto a ingles, que te pidan una redacción de 60 palabras sobre el reciclado, y sólo el primer párrafo tenga ya 55, me parece también un buen augurio. Mala de ser que el corrector no entienda mi letra de médico (yo quería letra de químico, para hacer juego con mi futura profesión, pero parece ser que cuando me fabricaron sólo quedaban de médico).

El caso es que estos exámenes carecen de cualquier vestigio de humanidad. Se nos trata como si fuéramos vulgares objetos. Se nos pide el DNI para empezar, igual que los ordenadores de la universidad te piden el carnet de estudiante para poder trabajar en ellos. Luego te dan dos folios para que los emborrones, como si de una vulgar impresora te trataras. Y encima, por si fuera poco, pasas de llamarte “Javier” a ser “nº 53”. Al final, entre el número y que las ventanas tenían rejas, más bien parecía que estaba rehabilitándome en una prisión de máxima seguridad. Solo echaba de menos los grilletes.

En fin, esta tarde toca la prueba final. Hora y media para resolver un examen de matemáticas del que no he tocado nada desde hace casi 4 meses y que espero sacar a flote gastando un poco más de mi reserva de buena suerte, que hoy parece haber dado buenos resultados. Espero que la calculadora aun me reconozca como su dueño legítimo y no se empeñe en decir que 2+2=5, porque si me dice eso, fíate tú cuando le pida una integral, que lo mismo me responde que la haga yo a mano. Con lo bien que se estaba en los tiempos de los griegos nada más que con el teorema de Pitágoras a todos lados. Ahora que si matrices, que si vectores, que si integrales... Con lo fácil que es que me pongan una ecuación de segundo grado y se la resuelva. Pero no, los profesores de hoy en día quieren cada vez más, y aquí estoy yo, contando mi vida en lugar de estudiarme como se enuncia el teorema de L’Hôpital, que veréis como sale.

Al final nunca pasa nada, y yo tendré suerte, acabaré quedando entre los cuatro primeros y me podré permitir la compra del libro de química, desde ahora conocido como “el libro cúbico” o “el 27 cm”. Y es que la vida del universitario nunca fue sencilla.

P.D. (01/11/2005): Al final quedé entre los cuatro primeros... Ver para creer.

Por: ShadowStalker | Javi tales | Comentarios (0) | Referencias (0)

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Nombre: Javier Torres

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