Miércoles, 05 de octubre de 2005
Hoy he sentido a la muerte pasearse a mí alrededor. Hoy he sentido la guadaña rozando mi cuerpo mientras paseaba por el ataúd rodante en busca de una nueva presa. Hoy casi he podido ver a la muerte, y no es que haya estado a punto de morir. Simplemente me he montado en el autobús. Quizá a muchos les puedan sorprender estas palabras, pero desde que sacaron la “tarjeta oro”, el transporte público no ha vuelto a ser lo que era. Todo comenzó como una iniciativa del ayuntamiento para facilitar el transporte a los ancianos y jubilados. Tu ibas al ayuntamiento, te sacabas una tarjetita de color dorado, y ya puedes viajar gratis todo lo que quieras en el autobús. Por supuesto, la idea como tal es fantástica, si no fuera porque, como normalmente sucede, no tardan en aparecer los típicos aprovechados que no dudan en sacarle el máximo rendimiento de la forma que sea, y caiga quien caiga. Al final te encuentras rodeado de gente con la que, si sumas los años que les quedan de vida, no superan los años que tu ya llevas vividos.
Cuando yo daba en termoquímica los sistemas abiertos, siempre nos ponían de ejemplo la cacerola con agua hirviendo. Pues bien, un nuevo sistema abierto es el autobús a las 12 del mediodía. Para comenzar, aclararemos que la cantidad de ancianos siempre permanece constante. Puede experimentar, por supuesto, ligeras variaciones, debido a factores geográficos, pero por lo general la media siempre da lo mismo: “Demasiados ancianos en un espacio muy reducido”. Y el sistema es abierto porque nunca cesa el flujo de ancianos que se montan y se bajan del autobús. El movimiento podríamos considerarlo de la siguiente manera:
-Un ancianito esta esperando durante 10 minutos en la parada. Cuando llega el autobús, se monta, y se las apaña para que alguien le ceda el sitio. El autobús avanza dos paradas y, en ese punto, el anciano se baja del autobús y se queda en la parada esperando al siguiente, hablando con otro ancianito que esta por allí también. En este punto se repite el ciclo.
Lo más triste es que la situación realmente es así, por muy surrealista que pueda parecer. Puede variar el número de paradas, o el número de ancianitos que lo hacen a la vez, pero el procedimiento viene a ser ese. Debe de ser el deporte de moda de la tercera edad: subir y bajar del autobús para pasar el rato. Es lo bueno que tiene que sea gratis. Además, así hacen nuevas amistades con otros ancianitos que practican el mismo deporte en el mismo autobús. Por otro lado luego tenemos a los típicos casos especiales que abundan en el “conjunto de ancianitos del autobús”. Por un lado tenemos a la mujer arrabalera, con un carrito y un niño, que se coloca parada en mitad del pasillo del autobús, con el fin de buscar su propia comodidad. Por supuesto, esto impide el paso de la gente a la parte trasera del autobús, por lo que el espacio disponible se reduce considerablemente. Sobra decir que, por mucho que se lo pidas, la mujer no se va a apartar de ahí para dejar pasar al resto de la gente. En términos químicos: aumenta la concentración de ancianitos.
Por otro lado, y para continuar con la jerga de la química, hablaremos de los catalizadores. Los catalizadores son dos mujeres que cuando uno sube al autobús ya están ahí, y cuando uno baja del autobús aún siguen ahí. En definitiva, a las 9 de la mañana se montan y, como es gratis, se dedican a contemplar a la gente pasar durante toda la mañana hasta que les llega la hora de comer y se van a sus casas a ver la telenovela de turno. Simplemente ocupan espacio, pero no afectan al desarrollo de la marea humana que se forma en el autobús, salvo en la medida de que ocupan dos sitios más; pero teniendo en cuenta el embotellamiento producido por la enorme cantidad de ancianitos que existen en el interior del autobús, uno más o uno menos no modifica sensiblemente la presión existente en el interior.
En definitiva, para viajar apretujado en un lugar al que se dedica la gente a montarse por mero deporte, haciendo perder mucho tiempo entre subidas y bajadas inútiles, mejor me voy andando. Hago ejercicio y llego a mi destino al mismo tiempo. Ver para creer.
Por: ShadowStalker | Divagaciones humanas | Comentarios (0) | Referencias (0)

Nombre: Javier Torres
Nick: ShadowStalker
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Descripción: Digamos que soy alguien tan normal que mi normalidad no resulta normal. ¿Entiendes? ¿No? Yo tampoco, pero es lo que hay. Una vida aburrida para una persona aburrida...Ya tocaba, con tanto salva-universos por ahi suelto.
Life in grid Ichiñas Every pollo al limón has a story... Susurros a la luna llena Melodías para sordos Ena oniro bla osporike mas soni The project freak Hello Cthulhu
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