Jueves, 03 de noviembre de 2005
A veces, cuando estoy sólo y no tengo a nadie a mí alrededor que me entretenga, me paro a pensar. Libero mi mente de ataduras terrenales, olvido lo que me rodea e ignoro todo lo que pueda suceder en mi entorno. En esos momentos es cuando soy realmente libre. Mi mente no tiene candados y puedo dialogar libremente conmigo mismo, conocer todas esas partes que nunca había visto, ver esos recónditos lugares que día a día me oculto a mí mismo de forma inconsciente.
Y es a través de esos pensamientos como llego a mí mismo. ¿Quién soy yo? ¿Por qué soy yo? ¿Qué me hace único? Comienzas a pensar. Te hundes en tus razonamientos, evaluando cada una de las acciones que has tomado. Y decides que no somos más que nuestros actos. Lo que pensamos en la vida condiciona nuestros actos, y son los actos los que mueven la telaraña en la que todos estamos atrapados. Es por ello por lo que la más mínima acción que emprendamos tendrá un efecto rebote en otras personas. Las acciones son el reflejo de nuestros pensamientos y, si un pensamiento nunca sale de nuestra mente será como si nunca hubiera existido, y se perderá para siempre.
Y los pensamientos llevan a la moral. Al comportamiento. A la manera en que actuamos. “El fin no justifica los medios”. Y sin embargo hay fines capaces de justificar cualquier cosa, por inmoral que parezca. Y hay medios que jamás justificarían nada. ¿Cómo decidimos lo que está bien o lo que está mal? ¿En que principios nos basamos? Lo que para algunos puede ser algo perfectamente bueno, para otros puede ser inaceptable.
La sociedad, por supuesto, ha impuesto sus normas, sus reglas no escritas que todos acatamos por no diferenciarnos, por no salirnos de ellas. ¿Pero que ocurre cuando a alguien no le importa la sociedad? Decide juzgarse a sí misma. Lo que opinen los demás no importa. Incluso, se puede llegar al punto de que esa persona quede marginada de la sociedad simplemente por pensar de manera distinta. Y todos sabemos lo que tiende a hacer la sociedad con los individuos que se salen de ella: destruirlos.
De esta forma, se hace difícil juzgarnos a nosotros mismos. Ello supondría que no podríamos juzgarnos libremente, porque la sociedad nos juzgaría entonces. Y si acatamos sus normas para juzgar nuestros actos, entonces estamos siendo juzgados igualmente por ella (o mediante ella). De esta forma, siempre estamos condicionados y nunca seremos plenamente libres para decidir si lo que hacemos esta bien o mal.
Y si aun así lo intentamos, y decidimos acatar el papel de nuestro propio juez... ¿Cómo decidiremos lo que es correcto de lo que no? Sabemos que una cosa esta mal muchas veces por instinto, pero otras, al contrario, simplemente porque siempre nos han dicho los demás que está mal. No hay motivos concretos. Simplemente siempre se ha dicho que eso estaba mal, y la gente lo ha acatado pasivamente, sin detenerse a pensar si algo está mal o no. No me refiero a casos evidentes, como puede ser un asesinato o un robo, sino a casos más sutiles y difusos, que se presentan en nuestro día a día, y que son muy complejos de juzgar. El mal es, por tanto, un concepto que impone la sociedad y, por tanto, pasaríamos a juzgarnos por las leyes de la sociedad, y no por las nuestras propias.
Entonces, ¿Cómo juzgarnos? ¿Cómo decidir si cada una de las acciones que emprendemos está bien o mal? ¿Podemos actuar siempre bien, o todo dependerá de los intereses y conceptos de la persona que nos juzgue? ¿Cómo podemos decidir un buen patrón de comportamiento? Ante todas esas preguntas, la gente normalmente opta por la vía sencilla y cómoda: No plantearse nada y actuar de acuerdo a los intereses egoístas y egocéntricos de cada uno. Y de esta forma, la sociedad poco a poco se degrada, y con ella sus normas, las cuales arrastran a aquellos que las siguen para juzgarse.
En definitiva, la forma más viable de existir es juzgarnos a nosotros mismos. Nuestra naturaleza no nos permite tener un patrón claro y matemático, pero tenemos instinto. Y guiándonos por nuestro instinto actuaremos de la forma más conveniente, guiándonos hacia lo que creamos correcto, pese a no llegar nunca a saber por que eso es lo correcto, y lo más abrumador de nuestra mente es que no está pensada para conocerse a sí misma.
Por: ShadowStalker | Divagaciones humanas | Comentarios (0) | Referencias (0)

Nombre: Javier Torres
Nick: ShadowStalker
Edad:
Descripción: Digamos que soy alguien tan normal que mi normalidad no resulta normal. ¿Entiendes? ¿No? Yo tampoco, pero es lo que hay. Una vida aburrida para una persona aburrida...Ya tocaba, con tanto salva-universos por ahi suelto.
Life in grid Ichiñas Every pollo al limón has a story... Susurros a la luna llena Melodías para sordos Ena oniro bla osporike mas soni The project freak Hello Cthulhu
Esta bitácora lleva on-line 1146 días, con un total de 212 entradas.
br>Se han recibido 263 comentarios desde el 31 de enero de 2006.