Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Susurros desde las sombras

De como las sombras dominan el mundo... o las dominan a ellas

Jueves, 17 de noviembre de 2005

Cicatriz sangrante

Uno siempre piensa que la herida ha sanado. Que se ha curado. Que ya no está ahí. Que el único resto será una cicatriz que muestre el camino que una daga abrió hace mucho tiempo. Uno piensa que la herida se borrará. Que no quedará señal. Que se olvidará del dolor que se sufrió. Uno piensa que en algún momento llegarán dolores mayores. Que aquel dolor tampoco fue para tanto. Que hay quien sufre más. Que nunca fue para tanto. Uno piensa... tantas tonterías... y ninguna es verdad.

La herida nunca cerró. El no querer ver la sangre y ocultarla no significa que no siga sangrando. El dolor sigue ahí, solo que me he cegado en no sentirlo, en olvidarlo. Una herida envenenada que sabes que no curará nunca. Un dolor que crees que pasó simplemente porque al sentirlo cada día has decidido ignorarlo, actuar como si no existiera. Cada vez que se roza, cada vez que un susurro de viento pasa cerca, la herida se abre, se emponzoña, se infecta de nuevo. Una herida en un lugar que no se puede curar.
Y lo peor es que la culpa fue mía. Fui yo quien puso el puñal sobre el corazón, el que pensó que algo tan bonito nunca me haría daño. El que apretó contra mi piel desnuda y vio correr la sangre en un hilo de vida. Quien, en definitiva, se mató. Porque yo estoy muerto. No tengo espíritu, y mi alma ya no sabe que hacer. Permanece errática ante el mundo. No contempla los cambios. Soy un muerto que se ha detenido en el tiempo. Un muerto que vive en el pasado.

Y aquí estoy quejándome otra vez, de mi soledad. De que nunca he sabido ser lo que debía ser. Aquí estoy lamentándome de la herida que yo mismo me inflingí por dar mucho más de lo que siempre supe que iba a recibir. Una puñalada. Dos. Cinco. Diez. Un año entero apuñalándome sin pensar en lo que hacía. Y ahora estoy aquí, desangrándome sin tener sangre que corra por mis venas. Agonizando entre el hielo sabiendo que no puedo morir.

Hay quien sueña con la inmortalidad del alma, y yo que la sufro, que se que no puedo matar el dolor que sufro, os aseguro que es inhumano. Un infierno levantarte cada día soportando ese dolor, negándolo simplemente por poder agonizar un día más, por volver a despertar al día siguiente con el mismo dolor, luchando por olvidar algo que no se quiere ir.

Las heridas están envenenadas. La sangre no deja de manar. Camino por la vida sin un alma que al mundo me quiera atar.

Os comprendo porque sufro como sufrís vosotros...

Por: ShadowStalker | Divagaciones humanas | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Se permiten los tags: <a> <b> <blockquote> <code> <i> <u> <font> <strike>. Usalos y experimenta a tu antojo con ellos. Son gratuitos. Pero no olvides cerrarlos convenientemente.

Recordar datos

Perfil

Ojo

 

Nombre: Javier Torres

Nick: ShadowStalker

Edad:

Descripción: Digamos que soy alguien tan normal que mi normalidad no resulta normal. ¿Entiendes? ¿No? Yo tampoco, pero es lo que hay. Una vida aburrida para una persona aburrida...Ya tocaba, con tanto salva-universos por ahi suelto.

Estadisticas

Esta bitácora lleva on-line 1711 días, con un total de 212 entradas.

Se han recibido 273 comentarios desde el 31 de enero de 2006.

Sindicar

 

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.


Listed on BlogShares
Blogarama
BloGalaxia
LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009