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Susurros desde las sombras

De como las sombras dominan el mundo... o las dominan a ellas

Lunes, 02 de enero de 2006

Odisea burocrática

Una semana de espera porque los señores de la universidad estaban de vacaciones mientras yo, cada día, me veo obligado a decidir si deseo gastar mis horas en estudiar o poner al día los apuntes (ya estoy deseando comprarme un cerebro multitarea de las que trabajan en paralelo). Un par de horas de quebraderos de cabeza para averiguar qué me querían decir con una carta más enrevesada que los mensajes nazis encriptados durante la segunda guerra mundial. Un madrugón tras dos noches casi sin dormir, una por estar de fiesta y otra por enfermedad, y es que tener que madrugar en navidad es todo un drama, al menos para mí. 15 minutos bajo un frío sobrenatural que congelaba las lágrimas antes incluso de que las pudiera llorar, mientras el hielo sonaba al pulverizarse bajo cada pisada. Y todo para entregar un papel que demuestra que te han concedido una beca por valor de cero euros.

El camino es largo. De hecho, en ocasiones se hace eterno. Pero al final llegas frente al enorme edificio blanco, y esta vez no ves el cartel gris que te dice que hagas el favor de ir por la otra puerta si quieres entrar en calor. Y tampoco está el cartel de “hasta el día dos lo llevas crudo”. De hecho, hasta había luz en el interior del edificio, que a mi parecer debe de ser lo más parecido a la luz celestial que he visto en toda mi vida. Solo me faltaba escuchar las arpas y los coros de querubines a mi alrededor en Dolby Surround (que es como debe sonar el cielo). Podría haberlo simulado con mi mp3, pero por desgracia me lo había dejado olvidado en mi casa. Que se le va a hacer.

Me acerco lentamente, disfrutando de la victoria que estoy a punto de conquistar, mientras una sonrisa de maligna felicidad cruza por mi rostro al mismo tiempo que lo hace un cálido fulgor por mis ojos. Empujo la puerta. Cede ante mi presencia. Estoy dentro. Por fin lo he conseguido, pero ahora llega lo difícil. Me dirijo al lugar en que tantas veces he estado a lo largo del último año, donde siempre me han sabido informar bien de lo que tenía que hacer. Y como en toda historia debe de existir una dificultad que el protagonista sortee con toda su astucia, me encuentro que la sala esta cerrada y las luces apagadas. Miro a un lado, miro al otro lado, disimulo un rato y, a la primera persona que pasa por allí, le pregunto sin darle posibilidad de escapatoria. Pero da la casualidad de que los astros han favorecido al protagonista (vamos, a mí), por lo que me aclara de forma clara y amable donde tenía que ir. Se ve que las vacaciones al menos les han sentado bien para el humor.

Me espera un largo y tortuoso camino lleno de siniestros peligros y mortales trampas que se han llevado a muchos avispados aventureros al país de las lápidas. Aunque más bien simplemente es seguir el pasillo adelante y girar a la izquierda. Llegados a ese punto, seis puertas se abren ante mis ojos. Solo tengo una oportunidad. He de decidir por cual he de pasar para llegar a mi destino. Una me conducirá a la victoria, las otras cinco a la dolorosa derrota. Es una decisión muy importante. El punto final de mi inefable odisea. Una última decisión, la más importante que nuestro héroe tomará nunca. Y se encuentra solo para afrontarla.

Y, como no es tonto, nuestro héroe entra por la puerta que tiene el cartel de “Becas”. ¿Podría ser una trampa? Pues por poder ser, podría, pero pensándolo fríamente... ¿Quién querría poner un cartel falso en un lugar así? Asi que con paso decidido, cruzo la puerta, miro al hombre que me devuelve la mirada con firmeza y le entrego el papel con los datos de la beca. Misión cumplida. Después de una larga semana y dos intentos, después de un peligroso pasillo y de decidir la puerta correcta jugándomelo todo, lo he logrado, he entregado el papel del que dependen mis estudios. El madrugón y el trayecto han sido muy duros, pero he ganado una batalla de forma aplastante. O... ¿no? El hombre, tras leer el papel, me mira fijamente, esboza una sonrisa de satisfacción, dobla de nuevo el papel y me lo devuelve mientras se me hiela la sonrisa en los labios, la sangre en las venas y el sudor en la frente. Mientras recojo el papel me espeta:

-No hace falta esto para nada. Quédatelo y guárdalo.

A ver si ahora Hacienda tambien se lleva el 15%.

Por: ShadowStalker | Javi tales | Comentarios (0) | Referencias (0)

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Nombre: Javier Torres

Nick: ShadowStalker

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Descripción: Digamos que soy alguien tan normal que mi normalidad no resulta normal. ¿Entiendes? ¿No? Yo tampoco, pero es lo que hay. Una vida aburrida para una persona aburrida...Ya tocaba, con tanto salva-universos por ahi suelto.

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