Jueves, 19 de enero de 2006
Hoy he sufrido otro de los tantos intentos de atraco que los gitanos han intentado perpetrar contra mí desde que vivo en esta ciudad. Y digo tantos, porque ya he perdido la cuenta de los que han sido, pero para mi gusto, demasiados. De hecho, me temo que son tan frecuentes que a modo de broma hemos llegado a considerar como “deporte de riesgo” a correr delante de ellos cuando intentas escapar. Siempre que alguien hace referencia a mi velocidad o resistencia corriendo, no falta quien salta con el típico “Javi se entrena corriendo delante de los gitanos”.
Y es que el lugar donde vivo, a las afueras y al lado de su barrio, es un lugar más que peligroso, por mucho que la gente se niegue a aceptarlo. Y no es que tenga nada en contra de ellos, salvo que de todos los intentos de atraco que he sufrido, el 100% han sido debidos a ellos. Yo sé que no todos los gitanos son malos, ni que todos los payos sean buenos. Pero ya es preocupante que todos los problemas que he tenido han sido siempre por gitanos. Desde luego a mi no me queda mas remedio que salir huyendo, pues no sé defenderme, y que siempre te ataquen en mayor proporción no facilita las cosas. Pero si les haces algo, no tardas en ver su asombrosa capacidad de multiplicación.
De todas formas el intento de hoy me ha hecho darme cuenta de que estoy perdiendo la buena forma física que tenía, porque ha faltado muy poco para verme en un gran apuro. Para empezar me han estado siguiendo diez minutos, sin que yo me diera cuenta hasta que era demasiado tarde, cuando me encontraba en uno de los tramos más solitarios de mi camino. En ese momento, se han situado uno a cada lado y han comenzado que si dame un cigarro, que si dame un euro, que si me dejas ver tu mp3. Al llegar a ese punto, yo ya sabía perfectamente lo que tocaba, así que en un instante he echado a correr, con el abrigo que pesaba un quintal y la mochila con libros a la espalda.
Pero tras un poco, veo que no me siguen, por lo que disminuyo la marcha y descanso un poquito. Y sin darme cuenta, al cabo de un minuto, noto como algo me sujeta por detrás, y no es otro que uno de mis “amigos” sujetándome para que no escape, mientras que su amiguito se acerca para ayudarle. Comienzan que si por que escapas, etc. Asi que consigo que me suelten amagando que les voy a dar un euro y, esta vez a la desesperada, toca un sprint, esta vez asegurándome de qué es lo que hacen ellos. Y contra todo pronostico compruebo que, pese a la sorpresa inicial, mi querido “amigo” se ha echado a la carrera y amenaza con darme alcance, por lo que me toca reunir todas mis fuerzas para conservar el ritmo hasta que, al cabo de unos segundos, se cansa de mí y decide abandonar la persecución. Mientras yo, con el corazón bombeando como un loco, la mochila y el abrigo y la garganta magullada por el aire frío, continuo un rato la marcha para poner la suficiente tierra por medio, mientras que unos graciosos subidos en una moto se ríen de mí por mi carrera.
De esta forma, con un aumento de pulsaciones considerable, he logrado hacer fracasar una vez más los intentos de robo de los gitanos contra mí. Y es que, para mi horror, están mejor organizados cuanto peor es mi forma física. El día menos pensado me veo secuestrado en una “fragoneta”. Desde luego, no sé cuando será la próxima vez, pero uno ya se cansa de que todos los gitanos que se cruzan por la calle le lean en la frente la palabra “tonto” y se dediquen, en el mejor de los casos, a reírse de uno. Pero la vida es dura, todos lo sabemos, y no toca nada mas que aguantarse y rezar porque mañana no me los vuelva a encontrar en el mismo lugar.
Y los políticos, en lugar de discutir sobre la seguridad ciudadana, sobre si hay pocos policías, sobre las formas de hacer nuestra vida más segura... se dedican a discutir sobre si el estatuto debe llevar la palabra nación antes o después, sobre si uno ha insultado al otro y el otro se lo ha devuelto, etc. En lugar de dedicarse a temas realmente importantes, a conseguir un mundo mejor, más seguro, en lugar de que los policías se metan en los bares y los gitanos hagan su ley en las calles sin que nadie les pueda decir nada. Pero los señores presidentes se encuentran muy a gusto en sus casitas trasladándose cómodamente en coche tan tranquilos. Me gustaría ver a los señores presidentes de los partidos, sin su omnipresente escolta, dando un paseo por mi barrio a la luz del día... Porque de noche no se lo deseo a nadie.
Por: ShadowStalker | Jornadas laborales | Comentarios (0) | Referencias (0)

Nombre: Javier Torres
Nick: ShadowStalker
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Descripción: Digamos que soy alguien tan normal que mi normalidad no resulta normal. ¿Entiendes? ¿No? Yo tampoco, pero es lo que hay. Una vida aburrida para una persona aburrida...Ya tocaba, con tanto salva-universos por ahi suelto.
Life in grid Ichiñas Every pollo al limón has a story... Susurros a la luna llena Melodías para sordos Ena oniro bla osporike mas soni The project freak Hello Cthulhu
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