Domingo, 29 de enero de 2006
Me encontraba yo esta mañana, un domingo, tan a gusto en la cama, sin preocupaciones, calentito entre la manta, cuando mi cerebro semiactivo comienza a procesar lo que parece un temblor en el universo. Al principio no es más que un pequeño rumor, pero que rápida y progresivamente va aumentando de categoría hasta que unos segundos después parece que por el pasillo está pasando una manada de elefantes psicóticos en plena huida desproporcionada. Unos instantes después se abre la puerta de mi habitación con más violencia que en una película de Rambo. Y todo esto porque parece ser que durante la noche ha nevado un poco.
Yo francamente creo que se podían haber esperado a despertarme. No creo que la nieve se fuera a ir sin despedirse de mí. Si al fin y al cabo ha aguantado hasta ese momento, por media hora más no iba a pasar nada. Pero intenta explicarle eso a mi madre. Yo creo que sufre algún síndrome extraño, como en las películas americanas cuando el niño gritón de turno levanta a todo el edificio porque nieva. Solo que mi madre la toma conmigo, que para eso soy de la familia. Posteriormente se pone a mirar por mi ventana embelesada... cuando por la del salón se ve todo muchísimo mejor (es más grande). Pero supongo que aplicaba un dicho del estilo “la vida depende del color del cristal con que la mires”. Mi cristal debe de ser de un transparente distinto al del salón, porque si no, no me lo explico. Aunque creo que la nieve si iba a desaparecer...
Ya que te han despertado, pues no te queda más remedio que levantarte de la cama, y así aprovechar y te asomas por la ventana, y uno ve a los niños jugando con la nieve, tan felices. Bueno... Eso de jugar, es un poco metafórico. Realmente lo único que hacen es pisotear como posesos toda la nieve para levantarla y destrozarla, como corresponde a la naturaleza destructiva de todas las crías humanas hoy en día. Una vez destrozado el paisaje blanco, pisoteada la nieve y convertida en barro, aniquilada para siempre una bella fotografía, pasan a los columpios, que para eso da igual que nieve o no. Luego llegan los padres, que parece que no han visto la nieve en la vida. Deben de pensar que es algo extraño: una sustancia fría, blanca, que moja y que se puede modelar a gusto del consumidor. Algo sorprendente. Y, en un alarde por recuperar esa juventud que hace mucho que perdieron (o incluso que nunca poseyeron), se ponen a tirarse bolas de nieve los unos a los otros. Bueno, realmente son bolas de barro y no de nieve, ya que la nieve ya la habían destrozado sus adorables querubines antes. Pero no importa. Se sienten tan jóvenes y vivaces tirándose dos bolas de nieve... Porque a la tercera ya se han cansado y se van al bar a celebrarlo, junto a la calefacción. Es que la nieve era demasiado fría.
Y luego uno baja a la calle, y puede ver perfectamente los rastros de los animales a su paso por la nieve. Aunque más correctamente, uno puede ver por donde han pasado los “animales” porque no hay rastro de nieve. Todas las zonas blancas han sido convenientemente pisoteadas hasta convertir la nieve en un sucio charco de barro. Simplemente por el afán de pisotearlo y destrozarlo. Se ve que cuando uno nieva y lo ve todo blanco siente una satisfacción, un placer tan grande, que no puede permitir que otras personas lo sientan. Es por eso que no dudarán en tirarse a la mínima masa blanca que vean hasta dejarla marrón. Se ve que la diversión de la nieve es que nos da capacidad para destrozar más cosas sin que nadie nos lo pueda echar en cara.
Asi que visto el panorama, y pese a que nieve así una sola vez cada diez años, preferiría no haberme despertado en todo el día. Que los burros de dos patas hicieran lo que quisieran, y levantarme mañana feliz sin ser consciente de que, para una vez que nieva y puedo ver la ciudad blanca, los señores “que-bien-me-lo-paso-con-la-nieve-por-dios” se han dado toda la prisa posible por destrozar el panorama, como si de matar cucarachas se tratara.
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Nombre: Javier Torres
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Descripción: Digamos que soy alguien tan normal que mi normalidad no resulta normal. ¿Entiendes? ¿No? Yo tampoco, pero es lo que hay. Una vida aburrida para una persona aburrida...Ya tocaba, con tanto salva-universos por ahi suelto.
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