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Susurros desde las sombras

De como las sombras dominan el mundo... o las dominan a ellas

Viernes, 10 de marzo de 2006

365

Todo comenzó mucho antes de lo que cualquier persona pueda ver a simple vista, en una de esas tardes de hiperactivo aburrimiento en los que me dedicaba a matar las horas haciendo algo productivo que nunca tenía ninguna utilidad. Eran tardes en las que la soledad hacía que buscase apoyo en el conocimiento, de forma que me pasaba horas aprendiendo cualquier cosa, desde las silabas japonesas al más estrambótico lenguaje de programación. Fue de una de esas tardes, cuando mi afición a los ordenadores se mezcló con ese afán típico mío de quejarme por todo, y di a luz a una pequeña criatura cuando aun no se había inventado la palabra “blog”. Sobra decir que no llegó a considerarse ni siquiera fracaso. A día de hoy, en algún lugar del disco duró permanecerá aun el código de aquello que pudo parecer un blog y no llegó a ser, quizá el código más complejo que haya escrito hasta la fecha.

Pasaron los días, las semanas y los meses. Pasaron años, y poco a poco la misma idea comenzó a florecer de nuevo. Había ganas de volver a intentar comunicarse con el espacio exterior, de romper el silencio y dejar que alguien escuchase algo, aunque fuera más de lo mismo. Y surgió la primera fase de mi blog, en otra de esas tardes improductivas, tal día como hoy hace un año. Una pagina negra de MSN en la que, por primera vez desde mis inicios en internet, no tenía más control que lo que yo mismo pudiera escribir. Sin embargo el sistema de publicidad era bueno, y no pasaron dos días hasta que comencé a recibir unas cuantas visitas, y los primeros comentarios. Las mismas personas, todos nuevos, agrupados para crecer juntos hasta que pudiéramos defendernos por nuestra cuenta.

Luego llegaron las primeras entradas que no eran de simple relleno, como el ascensor de cristal y el sabotaje del sulfúrico, junto con algunos de los últimos poemas que escribí, justo antes de perder la inspiración. Algunos meses después llegó la Biblia, la cual me garantizó un flujo constante de publicación durante casi dos meses, así como las primeras quejas serias contra todo lo que se moviera (publicidad, política, hipocresía...). Hay quien me catalogó desde un primer momento como “demasiado serio” como para leerme, mientras que a otros fue precisamente esa seriedad la que les cautivó y les hizo intentar conocerme un poco mejor. Es ahora, cuando ha pasado ya un año, cuando uno ve claramente quienes lo consiguieron y quienes se quedaron por el camino (los cuales ya ni siquiera leerán estas palabras).

Pero el escribir en un medio público hace que abras tus pensamientos y tu inspiración al resto del universo, lo cual en ocasiones no resulta recomendable, por la falta de escrúpulos de ciertas personas. Me refiero, por supuesto, al inevitable problema de la copia de textos, por personas anónimas, que se aprovecharán de los textos que otras personas forjan con esfuerzo para obtener reconocimiento fácil de sus conocidos. El problema es inevitable, y no hay nadie que se atreva a proteger a las pequeñas hormiguitas que sin estar afiliados a ninguna gran organización, pretendan dar a conocer sus pensamientos e ideas. Fue a raíz de este momento cuando adopté la licencia de Creative Commons, y en cierta medida funcionó, porque o bien la gente se lo piensa más, o bien he perdido tanta calidad que nadie quiere plagiar mis textos.

Llegó el verano, y con él la falta de inspiración. Sin embargo fue precisamente en este periodo cuando publiqué dos de las entradas más importantes de este lugar. La primera fue mi renuncia a lo que durante año y medio había sido mi objetivo principal en la vida. Solamente una persona se dio cuenta del sentido de las últimas palabras, añadidas al pie de la entrada, y que más tarde se convertirían en algo típico, y nadie apreció el vinculo que representaban las dos últimas frases de la canción. La otra entrada fue susurros desde las sombras, que obtuvo el nombre del blog (y no al revés, como quizá pudiera parecer). Una entrada dura, crítica como pocas y que no dejaba títere con cabeza. Una de esas entradas producto de la depresión, y que hacen que escribir sea liberar todo lo que te gustaría contar a alguien de confianza cuando realmente te encuentras solo.

Un poco más adelante, en otro de esos periodos de poca inspiración, surgió Googleando, que fue propiciado por el pagerank medianamente alto que logré, y que hacía que cada vez más personas me encontrasen desde Google. Sin embargo, esa sección no fue acogida por agrado por algunas personas, especialmente aquellos que hicieron las búsquedas que se comentaban. No obstante, hubo quien decidió tomar la idea para sus blogs, y así rellenar en los días de poca inspiración.

Pero no siempre la belleza se encuentra en las cosas alegres, y eso es algo que tenía muy claro mientras escribía la última carta. Estaba enfadado y decepcionado, por no añadir la tristeza al abanico de sensaciones que rondaban por mis venas mientras escribía esas palabras. Quería, deseaba, que fueran duras, que hicieran realmente pensar a quien las leyera, y que mi voz helase la sangre de quien se atreviera a oírme (es la única entrada hablada que tengo). Dicen los rumores que lo conseguí. Belleza expresada de la forma más cruel que pude concebir en ese momento. Una de esas muestras de que las palabras bien ordenadas pueden ser armas más cortantes que el acero cuando se empuñan correctamente. Es la carta que ninguna persona quiso nunca recibir, y que fue dedicada a más de una persona, en las que nunca podré volver a confiar.

Y ya que he hablado antes de una canción que ha supuesto algo muy íntimo de mí, hay que aprovechar la ocasión para nombrar a otra canción, esta vez publicada en un formato distinto, y que intenté que contribuyera a descatalogar a Rammstein como un grupo de letras vacías y sin sentimientos. La cajita musical muestra la historia de un niño solitario que por error es enterrado vivo junto con su única pertenencia, una cajita de música. Y es, precisamente, el sonido de esta cajita el que le salva de morir y consigue que finalmente encuentre a alguien que le quiera. Creo no equivocarme si considero a esa entrada como una de las más sentimentales y enternecedoras que han pasado por este blog.

Otra de las entradas importantes, quizá por su seriedad, es el producto de los dos años que llevo dedicándome a conocer el alcohol, y no precisamente bebiéndolo desmesuradamente. Para beber medianamente bien reúne todo el saber popular que he ido consiguiendo de la experiencia, opiniones de personas e investigación propia sobre el alcohol y las resacas. Y ya hay quien le ha sabido sacar provecho.

Y por último sólo queda hablar del nuevo comienzo, cuando acabé cansándome del continuo juego de MSN y decidí cambiar de aires a un lugar mejor. Cambio de imagen y cambio de dirección, perdida del pagerank y de la mayoría de los enlaces que tenía. Pese a todo ha merecido la pena. Ahora dispongo de la libertad de quiero, de los lectores que me quieran leer y no hay entrada que no consiga al menos un pequeño comentario. Por algún lado se re-empieza.

Han pasado 365 días. Al principio no podía imaginar como estaría ahora, ni si llegaría tan lejos (faltó realmente poco para abandonar a mitad de camino). Y ahora me pregunto que estaré escribiendo de aquí a un año, si es que aun sigo caminando y no me he quedado por el camino. Todo comenzó como un pequeño juego, como un proyecto más que fracasaría, como tantos otros anteriores. Sin embargo no ha sido así, y las más de 33000 visitas acumuladas dan fe de ello. Y si hoy cumplo 365 días, y no un año, es porque cada uno de esos días ha sido importante, y merece ser contado por separado, en lugar de introducirlos en un contenedor común que desvirtúa su valor.

Que sean otros 365.

Por: ShadowStalker | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

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Nombre: Javier Torres

Nick: ShadowStalker

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Descripción: Digamos que soy alguien tan normal que mi normalidad no resulta normal. ¿Entiendes? ¿No? Yo tampoco, pero es lo que hay. Una vida aburrida para una persona aburrida...Ya tocaba, con tanto salva-universos por ahi suelto.

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