Martes, 11 de abril de 2006
Ayer quedé con un amigo para una de esas noches que solemos dedicar, de vez en cuando, a la cata de cervezas en alguno de los bares irlandeses de Ciudad Real. Como de costumbre, fuimos los dos solos, ya que no todo el mundo tiende a comprender por qué nos gusta dejarnos el dinero en cerveza de 4 euros (o más), cuando en cualquier supermercado compras un litro de Mahou por menos de un euro. Sin embargo, nosotros pagamos el precio encantados. El beber cerveza de calidad, en un lugar tranquilo ambientado en mi amada Irlanda, junto a un buen amigo, es uno de esos eventos sociales que jamás eliminaría de mi vida. Y una de las cosas buenas de pagar la cerveza a ese precio es que moralmente te sientes obligado a saber que estás bebiendo.
Me acuerdo de la primera vez que fui a tomar cerveza a un bar, y nos pusieron la cabeza tonta que si con tercios, pintas y medias pintas. Ahora para mí es una medida clara, con la cual me manejo a la perfección, pero en su día me costó entender que las cosas eran más complicadas que un “ponme una cerveza”. Para el que quiera tenerlo claro, una pinta es algo más de medio litro. Poco a poco uno comienza a ir aprendiendo vocabulario sobre el tema, y se da cuenta de que ya el nombre de cerveza le dice poco, y aparecen vocablos como ale, lager y stout, así como luego todos sus derivados, dependiendo del color, sabor, cuerpo e ingredientes.
Inicialmente tenemos las cervezas de tipo lager, que son cervezas de fermentación baja, es decir, que su fermentación ocurre cerca del fondo. Su graduación suele estar en torno al 5% y suelen ser las más populares (Mahou, Heineken, etc.). Otro de los tipos es la ale, la cual ha sido muy popular históricamente hasta que recientemente la lager la desplazó. La cerveza tipo ale se caracteriza por ser de fermentación alta, la cual es llevada a cabo por levaduras que se encuentran flotando cerca de la superficie. Además, su fermentación ocurre a temperaturas superiores a la lager, lo que propicia que se formen ésteres que le dan un sabor ligeramente afrutado. Por último tenemos la stout, un tipo de lager que se caracteriza por el tostado que se le da a la malta, y que todos conocemos como cerveza negra.
La cata de la noche comenzó con media pinta de Guinness. La cerveza negra es mi pasión, y ya es tradición comenzar así la noche. Es la cerveza representativa de Irlanda, y la fama que ha acumulado desde el comienzo de su fabricación puedo asegurar que es merecida. Se caracteriza por su sabor amargo, su cuerpo y su característica espuma suave y cremosa de color blanco, que contrasta con la cerveza de color negro. También se podría decir que se caracteriza por su precio, si no fuera porque ayer tiramos la casa por la ventana.
Si para el primer plato nos fuimos a lo bueno conocido, para el segundo nos entraron ganas de experimentar, y nos atrevimos a pedir otra media pinta, pero esta vez de cerveza de trigo (en concreto Paulaner). La sorpresa comenzó incluso antes de probarla, ya que se sirve en unos vasos muy altos y estrechos, en lugar de en los bajos y anchos a los que estábamos acostumbrados. Para continuar, citaré su color turbio, translucido, debido a que no esta filtrada. En cuanto a su sabor, comparada con la Guinness, esta era mucho más ligera, aunque con un sabor extraño que la caracteriza, precisamente por ser de trigo. Sin embargo no resultó desagradable, y aunque solo fuera por el vaso volvería a pedirla.
Y ya por último llegó el turno del postre, y los postres tienen que ser a lo grande, al menos para mí. Mi querido compañero optó por media pinta de sidra, la cual no tiene ni punto de comparación con las botellas que venden en cualquier supermercado. Sin tanto dióxido de carbono disuelto se podía comparar con un refrescante zumo de manzana con alcohol, sabor muy distinto al de sidras comerciales como El Gaitero. Yo por mi parte opte por un tercio de cerveza de abadía, el cual costaba tanto como una pinta entera de Guinness. Pero el precio mereció la pena. Para empezar no hay vaso, ya que es el propio camarero el que te la recomienda tomártela directamente del botellín. Se caracteriza por tener una doble fermentación, primero en barril y posteriormente en botella, y pese a que su graduación no es tan elevada como una Judas o una Grimbergen, pero realmente el sabor es insuperable.
El balance total de la noche fueron 8,80 euros por cerca de un litro de cerveza. Sin embargo pagas el disfrute, la calidad y, lo reconozco, hasta el ambiente del bar. No se puede decir que sea un pasatiempo ni una afición barata, pero lo que sí puedo asegurar es que si te gusta la cerveza lo disfrutas con gusto. Y ya estamos pensando en la próxima cata.
Por: ShadowStalker | Javi tales | Comentarios (1) | Referencias (0)
Pero.. ¿la cerveza negra de guiness no era negra porque se hacía con centeno? O eso creía yo. Bueno, me alegro que lo hayas pasao bien, ya preguntaré a algún amigo si vamos a algún lugar de ese estilo por estas tierras, buena sugerencia
Susurró Valerian el 01-05-2006 23:12:00

Nombre: Javier Torres
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Descripción: Digamos que soy alguien tan normal que mi normalidad no resulta normal. ¿Entiendes? ¿No? Yo tampoco, pero es lo que hay. Una vida aburrida para una persona aburrida...Ya tocaba, con tanto salva-universos por ahi suelto.
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