Jueves, 07 de septiembre de 2006
Al final conseguí el sobre de la matrícula, con todos los papeles, libros, guías y pegatinas (sí, no tienes que rellenar tus datos en cada una de los impresos, sólo pegar pegatinas, como en preescolar). Y también logré convencer al tutor de que me diera su informe previo, en el cual afirmaba categóricamente que le parecía muy bien el conjunto de asignaturas que había elegido este año (y que le parecería aun mejor cuando las pagara). Por tanto, con todo en orden a primera hora de la mañana, todas las pegatinas en su sitio y con algo de sueño en el cuerpo me puse en marcha hacía el lugar donde habría de perpetrarse el crimen.
Esta vez no dejé que el lugar me intimidara, como el año anterior, y nada más entrar encaminé mis pasos con firmeza hacía la máquina para coger número, que es como en la carnicería del barrio, pero más moderno. Lo bueno de este sistema es que como ya tienes la cita concertada, aunque seas el primero y llegues el último, siempre entrarás el primero. La pega, como en cualquier lado, es que van con media hora de retraso por lo menos. Así que te toca sentarte en un aula semicircular, de cómodos sillones (y no como las semicirculares donde hacemos los exámenes), a esperar a que en la pantallita del centro aparezca tu nombre en clave: “M198”.
Así que me quedo mirando fijamente a la pantalla que va por el triste “M116” veinte minutos antes de mi hora asignada, aburrido, esperando que el próximo cambio venga acompañado de un “OVERBOOKING” al lado, como en los aeropuertos. El sueño me vence, y empiezo a imaginar cosas extrañas. Al cabo de un rato debo de estar ya soñando, porque ha pasado de “M119” a “M153” bruscamente, sin avisar. Entonces me desperezo, miro al cartel, y veo que realmente se acaban de saltar 30 números. No me explico como lo han podido hacer, aunque la mayoría de mis hipótesis contienen la desintegración de 30 estudiantes como factor principal.
Tras esta alegría, vuelvo a mi estado de letargo de nuevo, mientras por mi mente revolotean ideas surrealistas de todo tipo. Y detrás de mí suena la voz de una chica. No llegué a ver su cara en todo el rato que estuve allí, pero si la belleza de una persona es proporcional a la de su voz, la chica tendría que ser realmente guapa. Una voz muy agradable, dulce, con un acento andaluz encantador, hablando de temas para los cuales mi mente estaba demasiado ocupada, disfrutando como estaba de ese placer inesperado. Pero finalmente acabó entrando a la sala del destino, y no volví a escucharla nunca más.
Y como a esta chica, a mí me llegó mi hora, y acabó apareciendo mi propio código en la pantalla. Carrera hacia la sala de ordenadores para que no se me pase el turno. Al menos cuento con la ventaja de conocer el camino. Incluso me ha tocado la misma mesa que el año pasado, la número 3. Y cuando llego a la puerta, feliz por batir mi nuevo record en la modalidad de “20 metros pasillo con obstáculos”, me detiene una mujer que nada tenía que envidiar a los GEOs, preguntándome que si me han llamado, y que cual es mi mesa. En esos momentos me dan ganas, después de la espera, de soltarle alguna ironía ocurrente que la deje pensando el resto de la mañana, pero mi mente no está por la labor de lucirse, y opta por un cómodo “sí”.
La mujer, desconozco si de buena fe o solamente para demostrar su poder, me señala la mesa 3. Tengo que darle gracias por la ayuda, ya que teniendo en cuenta que están todas las mesas en fila, una al lado de la otra, perfectamente ordenadas y numeradas con cifras del tamaño de mi cabeza, dudo que hubiese conseguido encontrarla por mis propios medios en menos de cuatro horas. Supongo que no todos los universitarios saben reconocer los números del uno al nueve, y necesitan esta clase de ayuda con el fin de que no se produzcan colapsos en el sistema.
Me siento en la silla, y cambio mi sobre lleno de pegatinas y un papel que les autoriza a sacar 900 euros del banco por una carpeta gris, eso sí, un poco más grande que la verde del año anterior. Y se repite de nuevo la situación que se produjo en su día: La mujer, creo que era la misma, comienza a mirar hacia el ordenador y mi sobre con cara rara. Muy rara. Y al final deduzco que esta vez ella tampoco había oído hablar hasta ese momento del famoso papel que el tutor tenía que rellenar. En el papel no hay más que una casilla marcada con bolígrafo que pone algo del estilo “Estoy al corriente de las asignaturas elegidas y me parecen una buena opción”. Sin embargo la mujer lo lee con detenimiento, probablemente aplicando al texto el “Código Da Vinci” que de nada me sirvió a mí con el mapa del Itquima.
Al final la mujer me dice que todo está bien, que no hay problemas y que vaya a unas mesas a hacer una encuesta. Tras preguntarle tres veces donde están las mesas por fin encuentro cuatro ordenadores, y me pongo a puntuar sobre 5 una lista de actividades que desconozco. Yo puntúo a ojo tal y como mi mente considera que es éticamente correcto, y salgo de la sala lo más rápidamente que me lo permiten mis piernas y la GEO de la puerta.
Ahora la misión consiste en entregar unas fotocopias del DNI en la sala de becas, así que lo primero es coger número. “B121” dice el maldito papel. Me acerco al panel luminoso, que me responde con un “B067”. Me siento frente al panel y le miro con odio. El panel me devuelve la mirada (también con odio). Al final me dan la idea de colarme como si nada entre medias de dos turnos, por lo que salgo de la sala semicircular y escojo un puesto estratégico frente a la puerta cerrada (y cegada) del departamento de becas. Así es difícil calcular cuando sale una persona y aprovechar los 10 segundos de vacío que se generan. Finalmente sale una chica de dentro, y deja la puerta abierta. Tomo posiciones para controlar la mesa de becas (mesas de tipo B), y mientras tanto, aparece por allí el encargado de “cerrar las puertas”, y la cierra mientras me mira con ojos de saber lo que me propongo.
Pero al cabo de unos minutos ocurren varías casualidades simultáneas que posibilitan mi misión suicida: Sale una chica de una de las mesas “T”, se deja la puerta abierta mientras que el hombre de las puertas se distrae hablando con alguien, me posiciono dentro del ángulo de visión al tiempo que veo que un chico se levanta de una mesa “B”, se alinean los planetas y Marte me ofrece su influjo. Todo esto junto hace que me pueda colar “como si nada”, llegar a la mesa B y contarle a la mujer mis penas. La mujer comprensiva me coge las fotocopias, garabatea mi nombre en los papeles y los guarda, mientras yo salgo de la sala. Para el chico anterior yo era el siguiente siendo rápido. Para las chicas que venían detrás de él, yo era el anterior que me había retrasado hablando. Nadie sospechó nunca de mí, salvo el hombre encargado de “cerrar las puertas”. Pero cuando quiso detenerme yo ya me encontraba lejos de allí.
Así que finalmente conseguí entregar la matricula y las fotocopias con relativa rapidez y saliendo ileso del lance. ¿Qué más se puede pedir?
Por: ShadowStalker | Jornadas laborales | Comentarios (9) | Referencias (0)
Así que colándote vilmente por esos sitios ¿eh? ¿y por qué no cogiste varios números B en distintos tiempos en tu espera M y así no te colarías sino que tendrías distintos sitios en la cola?
Aqui ya has dejado constancia de tu crimen, ya no perfecto....
Susurró Valerian el 07-09-2006 16:00:09
buena observacion Valerian. Por fin te ha tocado rellenar encuestas!! ahora me siento menos sola en este mundo y mis felicitaciones por conseguir la matricula de la uni. Ahora solo te queda esperar a que el tan aansiado dia llegue para empezar con tus tres mil hojas de apuntes. Que te sea leve
Susurró serluna el 07-09-2006 17:20:14
Gran odisea la tuya; para que lo sepas: ponerte a hacer encuestas fue una venganza de Pilar por no entregarle la suya. Enhorabuena por conseguir lo que propuse saliendo ileso aunque el crimen dejase de ser perfecto...
Susurró mary&jones el 07-09-2006 19:26:16
Buenas!! la verdad esque sí se convierte en una auténtica odisea esto de hacer matrículas... ya ves! rellenar un par de folios y entregar unas cuantas fotocopias con el DNI que ya tienes perfectamente ordenadas el tiempo que te puede llegar a llevar... uf!
Yo por mi parte también pasé lo mio xD me perdí un montón de veces... bueno, la universidad es muy grande... pero aún así fueron demasiadas veces en relación al tamaño de ésta xD así que imaginate! y llegué tarde... bien por mí! 10 minutos bastaron para que mi tutor desapareciera del aula 219. Así que ahí me ví, buscando por los pasillos de un sitio totalmente desconocido para mí, buscando a un hombre del cual no conocía ni su nombre ni su cara... xD
Por suerte me encontró él a mí. Me miró... preguntó: Filosofia? con una sonrisa que en ese momento me pareció la más encantadora del mundo xD y me tiré a los brazos de mi salvador. Bueno no exactamente xD pero estuve apunto de hacerlo!!
Ais... al menos ya está todo hecho. Y nos quedan 363 días para reponernos y sentirnos preparados para hacer... la siguiente matricula!! uff... miedito xD
Besitos a montonesssssssssssssssss!!
MuacK!!
Susurró Yoli el 08-09-2006 13:39:23
Susurró Baku el 08-09-2006 21:39:56
Susurró Valerian el 13-09-2006 15:47:10
Susurró serluna el 22-09-2006 12:08:03
Susurró serluna el 07-10-2006 19:46:56
Bueno, a ver cuando se te vuelve a ver el pelo, que pareces más desaparecido que unos fondos reservados.
Susurró Valerian el 08-10-2006 18:13:05

Nombre: Javier Torres
Nick: ShadowStalker
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Descripción: Digamos que soy alguien tan normal que mi normalidad no resulta normal. ¿Entiendes? ¿No? Yo tampoco, pero es lo que hay. Una vida aburrida para una persona aburrida...Ya tocaba, con tanto salva-universos por ahi suelto.
Life in grid Ichiñas Every pollo al limón has a story... Susurros a la luna llena Melodías para sordos Ena oniro bla osporike mas soni The project freak Hello Cthulhu
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