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Susurros desde las sombras

De como las sombras dominan el mundo... o las dominan a ellas

Miércoles, 11 de octubre de 2006

Quizá el precio seamos nosotros

-Quizá el precio seamos nosotros.” Es una frase que me marcó en el mismo momento en que la leí. Es profunda, interesante y llena de vertientes reales sobre las que aplicarla. De hecho, yo no he dejado de hacerlo desde que la leí, hace ya tres meses, y no creo que de aquí a mucho tiempo deje de hacerlo, ya que resulta un ejercicio mental realmente esclarecedor. Por supuesto, para comprenderla inicialmente, hay que situarla en su contexto: Un planeta Tierra dentro de 50 años que comienza a morir, y cuya solución requiere un precio muy elevado, como en este caso, nuestra desaparición. Sin embargo, una vez comprendido su origen, podemos usarla libremente.

La conclusión que saqué de ese par de páginas en concreto es que en la vida absolutamente todo tiene un precio que debemos pagar, y por tanto nada hay que resulte gratuito, sino simplemente precios más fáciles y más difíciles de sufragar. Cada objetivo que queramos conseguir tiene su propio coste, impuesto por las circunstancias, por el entorno, por la naturaleza del individuo, por otros precios y simplemente por el hecho de existir. Si queremos tecnología debemos pagar con contaminación, si queremos salvar el planeta debemos eliminar nuestra tecnología, o eliminarnos a nosotros. Para salvar a una especie se requieren muchos fondos que pueden venir de empresas que ganan dinero perjudicando a especies distintas. Cada acción requiere un pago, y nosotros solo decidimos si deseamos pagarlo o no.

Y resulta curioso la proyección que tiene este principio incluso sobre la propia naturaleza. Según el segundo principio de la termodinámica, es imposible conseguir una máquina térmica con un rendimiento del 100%, lo que traducido a algo más comprensible quiere decir que parte de la energía que apliquemos para realizar un trabajo la perdemos, se disipa, y se convierte en un pago que debemos asumir por conseguir el trabajo esperado. Aplicando 100 Julios de energía, nunca obtendremos un trabajo de 100 Julios, y parte será el tributo exigido por la naturaleza a nuestros objetivos.

Sin embargo, quitando exageraciones y metáforas fuera de lugar, es muy fácil aplicarlo a nuestra vida diaria, y seguirá funcionando de forma idéntica. Piensa en los objetivos que te propongas (conseguir a un compañero sentimental, aprobar una asignatura, obtener un objeto), y analizando mentalmente la situación te darás cuenta de que todas requieren un pago, un sacrificio, una cosa que perder a costa de ganar otra. Puede ser un precio que puedas asumir con facilidad para conseguir algo importante, o bien un precio realmente difícil de pagar por obtener algo no muy necesario. El equilibrio lo decide el entorno, las circunstancias, y en tu mano está pagar o permanecer como estás. Aunque quizá la solución se encuentre en pagar otros precios secundarios para reducir el principal. Comienza la especulación con el precio de la vida, con el auténtico precio, ya que el camino lo decides tú.

Desde las relaciones personales o sentimentales a los proyectos más ambiciosos donde se mueven cientos de millones; desde la conservación del medio ambiente a las decisiones más metafísicas que hagamos en nuestras vidas. Cualquier objetivo a conseguir requiere que entregues algo a cambio, algo que quizá ni siquiera notes que falta, o algo que puede que sea imprescindible. Sin embargo, como en la vida real, no siempre el pago es voluntario, y no sucederá sólo una vez en toda tu vida en la que las acciones del universo (o azar) no te hagan pagar obligatoriamente un precio elevado. Pero por otro lado es de optimistas pensar que siempre has obtenido algo a cambio, sea mejor que lo perdido o peor.

Con toda esta charla superflua sólo quiero llegar a un punto, y es que absolutamente ninguna decisión de las que realizamos es gratuita, y cada una requiere de su propio precio a pagar. Cada acción conlleva una reacción, cada recompensa un sacrificio y cada producto un precio. El valor tiene una nueva dimensión caracterizada por lo que cuesta, pero no medido en un valor monetario, sino en uno completamente cualitativo: el propio valor que cada humano le da, la importancia; y su propia escala de valores interna, en la que unas cosas se encuentran por encima de otras. Piénsalo a partir de hoy, reflexiona sobre el precio que tiene cada una de las acciones que realices, y comprobarás que para conseguir muchas de ellas es obligatorio renunciar a otras. Así es la vida.

Y no confundamos valor con precio.

Por: ShadowStalker | Divagaciones humanas | Comentarios (5) | Referencias (0)

Comentarios

Bueno, a veces el precio de las cosas no tiene por qué ser algo malo. El que todo acción tenga una reacción no tiene por qué ser adversa. Que todo tenga un coste no conlleva que ese coste sea un coste adverso. (Aunque tampoco lo contrario, claro)

Ya veo que te ha costado volver. Ha sido el coste de volverte a leer tenerte un mes, más de un mes desaparecido en combate.

Susurró Valerian el 12-10-2006 16:15:58

.. Es curioso, lo mismo dicen los principios de la alquimia, no puedes ganar nada si no das algo equivalente a cambio. Si quieres roca da tierra, si quieres una casa da madera y piedra, etc.
Que estés bien amor.

Susurró Baku el 12-10-2006 17:22:55

Como casi siempre llevas razón, todo en esta vida tiene un precio, para bien o para mal pero lo tiene. Pero por favor, no me hagas recordar que hay que estudiar quifi cuando leo tus reflexiones, porque me siento culpable estando aquí.
Saludos

Susurró mary el 13-10-2006 12:01:37

si señor, todo tiene su precio pero es tan relativo y depende de cada persona que seria im`posible sabe rel precio de cada cosa, para que luego digan que no harian algo ni por todo el dinero del mundo, me gustaria a mi verlo! Te echaba de menos!!!

Susurró serluna el 13-10-2006 15:10:07

"Quizá el precio seamos nosotros"
La verdad esque la frase es bastante impactante, y da que pensar. Ya se sabe, quien algo quiere, algo le cuesta.
El problema es no saber qué vas a sacrificar, qué vas a dar... o tener una idea equivocada. Hacer algo a tu pesar sabiendo que perderás algo y que fallen los calculos. Que pierdas algo aún más importante que lo que esperabas perder. Que de repente por haber hecho X te desprendas de Y, y tú, ingenuo, que te pensabas que ibas a desprenderte de Z... Entonces es cuando no hay vuelta atrás, o sí... pero imagínate que no.
Uf, que fatalista no?
Ya no es lo que perdamos, ya no es arriesgarnos, o concienciarnos de que puede que por hacer eso que queremos perdamos algo... no es hacernos a la idea. Es pensar que todo es imprevisible. Que podemos caer en el error de nuestras vidas. Entonces pagariamos un precio muy alto.
Pero bueno... es lo que tiene. No hay otra forma de vivir. Si no arriesgas, no ganas.
Un besito

Susurró Yoli el 27-10-2006 14:59:36

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